miércoles, 2 de agosto de 2017

22.- Relatos, Fábulas y Leyendas


22.- UNA SELECCIÓN DE MIS VIEJOS POEMAS

1º  Nostalgias de amor




Navegando con suave viento de popa se hizo la noche, y de igual modo que en su anterior singladura, un tripulante comenzó a entonar una melodiosa canción.
-¿Qué habrá –se preguntaba Raymundo- en este enigmático océano, que hace cantar a los marinos y temblar a la gente de tierra adentro como yo?
Pronto, toda su atención quedó presa en aquella oscura profundidad sin horizontes de un mar casi adormecido, acunándose ante él. La Luna, redonda y pálida, proporcionaba un tamiz de tenue claridad a este asombroso panorama y ponía infinitos brillos, saltarines y fugaces, sobre sus olas. 
Mientras, la voz bien templada del tripulante, un vigía mallorquín, se alzaba con suavidad por todo el barco, llenándolo de ensoñación y añoranzas.

Decía así su canto:

Emporta´t, vent, ab tu la meva veu
e digues-li a la amada meva
que yo t´envio
per acaronar lo seu cos
e t´embolicar en lo cabell seu.

Lluna que ara l´estàs veient
escolta la meva cançó e conta-li
que malgrat la mar ens separi
mai oblidar-la no puc.

E a tu obscur mar et prego
que deixis que aviat torni
per ço que amar-la yo pugui.

Oh Cel, quant desitjo,
retornar dabans que mori
per ço que amar-la yo pugui!

Que venía a querer decir:

Lleva, viento, mi voz contigo
y di a mi amada que yo te envío,
para acariciar su cuerpo
y enredarte en sus cabellos.

Luna que ahora la estarás viendo
escucha mi canción y cuéntale,
que aunque la mar nos separe
jamás olvidarle puedo.

Y a ti oscuro mar te ruego,
que dejes que pronto vuelva
para que amarle yo pueda.

¡Oh  Cielos, cuánto deseo,
regresar antes que muera
para que amarle yo pueda!

De mi novela "Almogávares. Lobos hambrientos en Oriente" (Nov. 2010)



2º Las estrellas.

 

 

Era noche cerrada. Me hallaba en uno de esos trances, frecuentes por desgracia, en el que miras al teclado del ordenador y tu dedo queda suspendido sobre él, sin saber cómo terminar la frase empezada. Intentaba encontrar respuestas a esas enigmáticas preguntas que alguna vez han rondado nuestras mentes y que, en ese momento, trataba de incorporar a mi libro 6 horas para pensar.
¿Quién soy? ¿Por qué y cómo he sido creado? ¿Qué he hecho de mi vida? ¿Habrá algo después de ella? ¿Habrá un Dios instalado en ese algo?
Vano empeño. Quise refrescar mi ideas y salí a la terraza. Miré al cielo, contemplé la maravilla de aquella noche estrellada y me dije que tras ellas estaba la escondida clave, capaz de dar respuesta a mis preguntas. Así nació el siguiente soneto.

         
Cada noche las miro y me parecen
ingrávidas candelas aun más bellas.
De reproches las cubro y de querellas
que por mudas y esquivas se merecen.

Débiles y trémulas se estremecen
calladas e inmóviles las estrellas.
¿Qué secreto misterio guardan ellas
que por no desvelarlo me adormecen?

¿Hay saberes, tras vuestra espalda oscura,
con qué guiar mi alma, que ahora anda
entre dudas, temor y desventura?

Oíd, celestes astros, mi demanda
y apartad de mi ser tanta amargura
¡Decidme quién os hizo y quién os manda!

Y la espera se agranda.
En calma velo, mas nunca responden,
y allá, lejanas, su secreto esconden.

De mi relato: "6 Horas para Pensar" (Julio 2006)




3º Una jota en el primer sitio de Zaragoza.



Era el 18 de junio de 1808. Tres días antes se había producido la batalla de las Heras, en las afueras de Zaragoza, durante la cual, los defensores aragoneses habían resistido el primer asalto de las tropas francesas, frenando su propósito de realizar una conquista rápida de la ciudad. Se iniciaban así los dos terribles sitios que habrían de sufrir sus heroicos defensores. En este día, una tensa calma reinaba en la ciudad del Pilar y el Ebro.  

Durante el duro combate, el azar había reunido a dos buenos amigos y camaradas, el teniente Valero y el sargento Pina. Ambos habían servido en el arsenal del castillo de la Aljafería, antes de que estallara la guerra con los franceses. Complacidos por el encuentro, decidieron acudir a una tasca del centro para celebrarlo ante unas generosas jarras de vino de Cariñena. 

Cuando Valero y el sargento Emiliano Pina dejaron el bodegón ya era tarde. Se acercaba la noche y ambos se despidieron con afecto, antes de acudir a sus respectivas posiciones de combate.

Al cruzar por una de aquellas estrechas callejuelas, Valero escuchó cómo una voz, lejana pero recia y bravía, se alzaba en la noche para cantar esta jota:



Cañones de artillería,

bayonetas y fusiles.

Cañones de artillería,

y balas que nos arrojan
la gabacha infantería.
La gabacha infantería,
bayonetas y fusiles.

Y una voz de mujer, todavía más vibrante, le dio réplica.

La Virgen nos acompaña,
de poco les han de valer.
La Virgen nos acompaña,
nuestra Virgen del Pilar:
Virgen de Aragón y España.
Virgen de Aragón y España.
de poco les han de valer.

De mi novela Con Fuego en las entrañas. (Julio de 2012)




4º A mi amor








Me lo preguntó la noche, en sus largas horas de oscura vela.



Me lo anunció el Sol, tan pronto amaneció enrojecido y luminoso.


Me lo cantaron los primeros trinos de las madrugadoras aves.

Me lo susurró insistente el viento, deslizándose entre los árboles
y conversando con ellos.

Me lo insinuaron las flores que, abriendo a un tiempo sus pétalos,
me miraron risueñas.

Me lo indicaron los rutilantes destellos, en las tranquilas olas
de un mar en calma.

Pero también lo vi en el brillo de su mirada y en la dulzura
de su sonrisa fácil.

Lo escuché en la cálida voz
de su palabra amiga.

Lo recibí en el sabor tierno
de sus fugaces labios.

Lo pude oler cuando aspiré el aroma suave
de un profundo suspiro.

Lo sentí entrar en mi corazón
pausadamente.

Y así fue como yo supe, que ella me amaría
eternamente.

De mi novela "En un Mundo Lejano"  (Marzo 2004)
 
 
 
5º Romance de la boda de Juan y Anderquina



Era el 26 de abril del año 1064 cuando Juan murió tras una lenta y dolorosa agonía. Él y su hijo Bertholomeu habían acudido a la fallida conquista de Graus, encuadrados en las huestes del rey Ramiro I de Aragón.
El intento acabó en un fracaso total, donde el mismo rey perdió la vida, al recibir un golpe de venablo que le entró por un ojo y le atravesó el cráneo.
Juan y su hijo regresaron a sus respectivos hogares, Bertholomeu a Troncedo y Juan a la pequeña aldea de Bestué, distante de Troncedo unas ocho leguas. Tuvo la desgracia de que una gran tormenta se desatara durante el camino. La fuerte lluvia, helada por los vientos del norte con los montes aun abundados de nieve, empapó la ropa hasta llegar a los mismos huesos, ocasionándole un maligno enfriamiento.
Nada más de llegar a su casa, tuvo que guardar cama, dolorido, enfebrecido y ganado por temblores, tos y una respiración agitada y ronca.
A pesar de los cuidados de Anderquina, su esposa, no pudo superar la enfermedad y murió a la edad de 66 años, bastantes para aquellos tiempos.
Mientras le velaba, Anderquina recordó toda su vida junto a él. Cómo y dónde le conoció. También el feliz día de su boda. Vino a su mente la trova cantada por un modesto juglar de feria para festejar la boda. Decía así:  

      De mi novela: Infanzones del Sobrarbe  (Agosto de 2007)



                               6º Caminando hacia delante



                                                                     




Escribí este modesto poemilla, tras una larga discusión con un buen amigo nacionalista. Opinaba que el conjunto de historia, tradiciones y costumbres de su pueblo conformaban una cultura específica, que le conferían la cualidad de nación diferenciada. Esa cultura sería la base donde se sustentaría el progreso de su pueblo como nación.

Es ciudadano del Mundo
  quien viaja con poco peso,
          pues no se puede andar mucho
  si vas cargado en exceso.

Para ver tiempos mejores
son demasiado equipaje
raíces y tradiciones.

Lo que pasó ya se ha ido
y el molino no se mueve
con agua que ya ha molido.

Quiero mirar adelante,
saber lo desconocido
que no es cosa valorable
saber lo que está sabido.

 Escrito y dedicado para un amigo nacionalista. (G.B.G. Enero 2005)





7º Un amoroso y tierno poema infantil




 Margaret se reencuentra con un poema que su hijo Joe le dedicó a la edad de nueve años. Lo descubre al revisar sus objetos personales, tras ser asesinado, ya mayor, en New York.
To Mum On Her Birthday

On your happiest day,
The day of your Birth,
A poem to you will be
My best possible gif:

I woke up early today
To meet a shiny light.
It was the rising sun
That came to greet you, mum.

Me too I want to express
How much I love you, mum,
Because you gave me life
And everything I possess.

I promise I´ll always love you, mummy!
This is true as the sky is starry!   Joe Foster.

El pequeño había querido expresar algo parecido a esto:

A mami, en el día de su cumpleaños

En este tu feliz día - día de tu cumpleaños,
quiero escribirte un poema - como mi mejor regalo.
Hoy me levanté temprano - y encontré una luz radiante:  
era el sol que amanecía - y venía a saludarte.
Yo también quiero decirte - ¡Oh mami, cuánto te quiero!

 Porque me diste la vida - y todo lo que yo tengo.
Mami, mami, te prometo - quererte tanto y tan cierto
como estrellado es el cielo.

De mi novela: "El Fantasma de Nadie" (Mayo 2015)




8º Una coplilla mañanera suena en Arbaniés.


Era temprano. Los hombres hacía tiempo que habían abandonado las casas para dedicarse a las rudas tareas del campo, y ya solo voces de mujer se podían escuchar, allí donde yo devoraba mi suculento desayuno diario, a base de huevo frito y un buen vaso de leche de cabra con torta migada en él.
No era extraño escuchar sus canciones al tiempo de hacer las camas, barrer y fregar con esmero las estancias de sus preciadas casas, o “arreglar” a los animales, y echar de comer al gulín y a gallinas, conejos, patos y pichones.
De entre todas ellas, sobresalía la cantarina voz de la hija casadera de la seña Leonor que entonaba con gracia, tres casas más abajo, alguna coplilla como esta o parecida:

Buscar me´n manda  madre
agua ta fuente,
bajo a galope, mozo
que´n quiero verte.

Y en cuantico que´n llegas,
escuchar de tus labios
palabricas tiernas.

Mi madre no me´n deja
ir en ta´o río,
pero yo solo en´quiero
irme contigo.

Pa estar a solas,
con tantas cosicas tuyas
que m´enamoran.

Que m´enamoran, mozo,
que m´enamoran.


De mi libro: "Recuerdos infantiles de un pueblo del Somontano". (Mayo 2005)

 

miércoles, 26 de julio de 2017

Recuerdos infantiles en un pueblo del Somontano oscense




Recuerdos infantiles en un pueblo
del Somontano oscense.

He hurgado en mi memoria, tanto como mis envejecidas neuronas me lo han permitido, y el resultado ha sido un ejercicio duro pero grato: He intentado plasmar en este libro la gozosa semblanza de unos días de mi infancia, vividos en Arbaniés, un pequeño pueblo del Somontano oscense.
Quizás los muchos años transcurridos desde entonces han idealizado aquellos recuerdos, que hoy me llegan tiernos, alegres y felices, pero es el regusto que me queda de ellos y es así como hago este, para mí, emocionado relato.
Copio aquí el Prólogo, como una verdadera declaración de intenciones
PRÓLOGO
Es propósito de esta narración rememorar y describir algunas de las vivencias habidas durante mi infancia en aquella entrañable tierra del Somontano oscense, para que sirva, tanto de conocimiento general, como de particular enseñanza a mis hijos, nietos y demás descendientes, de una forma de vida agotada ya en nuestros días, que no pudieron, por tanto, conocer y que nunca les será posible protagonizar.
Deseo que puedan comparar sus experiencias vitales con las mías y aquel estilo de vida con el suyo, de manera que consigan valorar la gran distancia social y económica que existe entre uno y otro.
Quiero también que sepan que esta distancia ha sido lograda mediante un arduo esfuerzo colectivo, realizado por nuestros padres y nuestra propia generación, a lo largo de un prolongado periodo de paz, entendimiento y trabajo.
Todavía aún más espero que puedan apreciar el extraordinario hecho que tuve la suerte de advertir muy joven. Pues, a pesar de las limitaciones materiales de todo tipo presentes en el cotidiano hacer de aquellas gentes, eran capaces de encontrar en él motivos palpables, para llevar a cabo su existencia con la suficiente alegría y contento, como para conformar una sencilla pero amigable sociedad, de trato afable y cordial. Lograban, de esta manera, una aceptable tasa de felicidad colectiva.
 Se evidencia, así mismo en estas líneas, que ésta puede ser hallada con independencia de la situación política, social y económica o de la propia aptitud para obtener medios materiales y su disfrute.

viernes, 17 de marzo de 2017

21.-Relatos, Fábulas y Leyendas

21.- LOS REFUGIADOS.





El doloroso tema de los refugiados se encuentra en las primeras planas de la actualidad. Cada día hay una nueva -o repetida- noticia, a cual más triste, sobre las gentes que huyen de la desolación que procura la guerra, una cruenta guerra que asola a varias naciones musulmanas, en especial Siria, Irak y Afganistán.
Son las consecuencias desastrosas de las guerras, que ya tiñeron de sombra y horror los pinceles y plumas de nuestro genial pintor Goya.
No es que en otros lugares no haya guerra. En el centro de África se han producido, y se producen, conflictos bélicos tan -o aún más- crueles y sangrientos, que los acontecidos en aquellos países musulmanes. Pero ninguno ha tenido el impacto mediático que estos.
Alguien sabrá, supongo, por qué las desdichas de la población africana ocasiona menos lástima y ocupan menos espacio en las noticias, que las sufridas por gentes con piel más decolorada. ¡Anda, que no han habido guerras, muertes y desplazados en África!
¿Será que aquello está muy lejos o que todavía nos quede inadvertida alguna que otra pincelada de aquel primerizo racismo colonial europeo? Pudiera ser.
Pero me ceñiré a las calamidades que se producen en un área tan cercana a Europa, como es el Oriente Próximo, según la definición de la RAE, u Oriente Medio, según la denominación empleada por la mayoría de los organismos internacionales.
Desde el primer momento en el que apareció el tremendo problema ocasionado por la gran riada de aspirantes a refugiados, me he sentido asombrado. No solo por el hecho en sí -en aquella región ha habido guerra desde antes de los años cuarenta del pasado siglo, sin que se hubiera producido este fenómeno-, sino también por la elevada magnitud del desastre. La cifra de desplazados suma hoy 7 millones,  contando solo los 5 provenientes de Siria y los otros 2 de Irak.
Mayor sorpresa me ocasionó la reacción que se produjo en la mayoría de las alcaldías españolas. En un país, donde la mala uva es uno de los productos más abundantes y característicos, comenzó entre ellas una curiosa puja benefactora al alza, para conseguir más refugiados que sus vecinos. Hubo quien se ofreció a recibir a cuantos llegaran. Sin límite alguno. No era cosa de regatear ni de andarse en pequeñeces, tales como asegurarse de disponer los medios precisos para ello.
Hace poco escuche una frase en boca del Papa, en defensa de los refugiados que buscan su acogida en Europa, ante los recelos que se dejaban sentir en algunos Estados, Alemania entre ellos: "Todo el mundo tiene derecho a buscar un futuro mejor".
Preciosas palabras. Pero yo me pregunto qué pasaría en Alemania si todos los millones de personas del mundo, que tienen ese derecho a buscar un futuro mejor, se presentaran allí. ¿Se imaginan el cuadro?
Es que el bien "hay que hacerlo bien", porque en caso contrario se corre el peligro, no solo de perder la ocasión de alcanzarlo, sino incluso, obtener un mal en su lugar, consecuencia de ese buenismo destalentado y muchas veces hipócrita, tan en boga.
¿Qué se ha hecho para resolver este sangrante problema? Muy poco. Se reunieron los mandamases europeos y decidieron formar cupos de admisión de acuerdo con las posibilidades de cada Estado. Lo más sencillo que se les ocurrió a las "lumbreras" que nos gobiernan. Pero las "posibilidades" de la mayoría de ellos quedaron pronto enflaquecidas por la tibia voluntad de echar a andar un plan, que adivinaban impracticable y repleto de líos e inconvenientes.
Más tarde, unos pocos países decidieron parchear el problema por su cuenta: La opinión pública apretaba.
Así, ahora, aceptan refugiados con cuenta gotas, confiando en que el asunto pierda actualidad con el paso del tiempo y el problema se vaya resolviendo por sí solo.
Una pena, porque el problema es de tal magnitud y el sufrimiento tan enorme que solo una acción pronta, poderosa, decidida y generalizada podría lograr paliarlo.   
Porque colocar, de repente, 7 millones de personas no es fácil, como se está demostrando. No solo por la enorme cantidad de recursos necesarios, sino además, porque el interés de la mayoría de refugiados se centra solo en dos o tres países europeos, lo que tiene que producir, por fuerza, innumerables tensiones en esos Estados.
Si yo fuera el Papa, la Merkel o el Trump -quiero decir: si yo tuviera la influencia y el poder de estos líderes- haría lo siguiente:
Promovería una reunión internacional seria de líderes de los Estados, tanto europeos como del resto de las potencias desarrolladas, junto a los mandatarios de los países limítrofes al conflicto. No me levantaría de la mesa hasta conseguir alcanzar un compromiso de ayuda pronta, real y efectiva a estas pobres gentes.
Obtenido este, haría que se formara, de inmediato, una comisión de expertos que estudiara a fondo el mejor sistema de ayuda a los refugiados y el método a seguir para su segura distribución, que contemplara algo mucho más efectivo que el simple reparto de asilados entre los estados comprometidos.   
¿Por qué? Porque empeñarse en dar asilo a siete millones de personas es imposible del todo. Hace poco, el gobierno español ha enviado un comunicado a la Comisión Europea, anunciando que está preparado para reasentar a 875 refugiados, con lo que sería el tercer Estado europeo en disponibilidad.
¿No es esto un ridículo total, incomprensible e hiriente? No me digan que no.
Por otra parte ¿qué capacidad de acogida tiene un Estado con cerca de cuatro millones de parados? Poca.
Pero si fuera posible asilar a esos 7 millones en los 27 Estados de la Unión Europea -los británicos ya se han ido en previsión de tener que hacerlo. No olviden que el argumento más efectivo para que los ingleses se pronunciaran por el Brexit fue "que les iban a llenar Gran Bretaña de refugiados incontrolados"-, lejos de resolver el problema lo agrandaría hasta límites imprevisibles, para hacerlo irremediable y crónico, por tanto.
Imaginen, sí no, a este ingente colectivo -unos 300 mil refugiados de media por Estado- llegando a cualquier País europeo. Unos pocos lograrían integrarse en él gracias a poseer la capacidad adecuada para conseguir un empleo. La mayoría quedaría desempleada e iría a engrosar los guetos, ya existentes, y sobrevivir gracias a la caridad pública y privada, casi siempre escasa.
Aun y todo, hay que suponer que esta situación todavía les resultará ventajosa, dadas las calamidades que han tenido que soportar. Pocos serán los que decidan regresar a sus respectivos países de origen. Para qué, si los encontrarán arrasados, exánimes y faltos de lo más vital e imprescindible, debido a los terribles bombardeos sufridos y a la dura guerra callejera entre las distintos grupos religiosos y políticos.
Así que, si añadimos a la cifra de desplazados, la de muertos civiles y militares, represaliados y fugitivos del bando perdedor ¿quién quedará para acometer la reconstrucción de sus países al finalizar la guerra?
Muy pocos. Por esto, advertía antes del riesgo de que el problema pueda hacerse crónico, tanto para los refugiados en los países de acogida, como para superar la ruina de los Estados en conflicto, terminado este.
No, hay que resolver el problema de los refugiados actuando de manera más racional y conveniente.
¿Cómo?
La primera medida debería ser atacar la raíz del problema: la guerra. Habría que emplear todos los medios de presión al alcance de las potencias firmantes para pararla. Y si esto resultara inviable, habría que intervenir en ella. No como se está haciendo ahora, sino de una forma decidida, contundente y rápida, para que el sufrimiento que conlleva dure lo menos posible.
No es admisible el modo de cómo hoy se está interviniendo militarmente en estos países. Esos terribles y cobardes bombardeos indiscriminados -se trata de evitar bajas propias-, no distinguen entre el enemigo y la población civil y provocan la destrucción, el sufrimiento y la muerte, tanto en las viviendas de ciudadanos inocentes, como en los centros de producción, tiendas y mercados, hospitales, escuelas y centros religiosos.
Ya es hora de que los organismos internacionales prohíban estas prácticas inhumanas.
Así se explica que haya tantos conflictos armados, en Oriente Medio y África, que se enquistan, duran décadas y acaban siendo crónicos. "No podemos enviar tropas -dirán los prebostes occidentales-, y tener bajas en nuestras filas". Claro: que pongan otros los muertos.
Pero si no quieren asumir las consecuencias que toda intervención armada provoca en sus tropas, hagan el favor de no injerirse y dejen que cada país resuelva sus propios problemas. Y si se ven obligados a actuar por "humanidad", como dicen, limítense a bombardear objetivos militares fuera de las poblaciones.
Mientras tanto, un enorme gentío trata de huir de la cruel guerra que está asolando sus países. Hombres, mujeres y niños desesperados inician un doloroso éxodo lleno de miseria, sufrimiento y peligro ¿Cómo remediar tanta desgracia de una forma racional, eficaz y definitiva, evitando su dispersión, de manera que no pierdan lo que para ellos representa sus mayores bienes: sus raíces, su cultura, costumbres y lazos familiares o vecinales?
No tengo duda alguna. Solo se podría lograr, promoviendo un plan similar al Plan Marshall, que tan eficaz resultó al finalizar la 2ª Guerra Mundial. Con la diferencia de que, en este caso, debería ocuparse, no solo de la reconstrucción de los países al finalizar la guerra, sino también de proporcionar acogida y acomodo digno a los desplazados durante ella.
Llegado a este punto, no se puede olvidar que el éxito del Plan Marshall se debió, en su mayor parte, a la eficaz administración de los medios asignados a los países beneficiarios, que realizó de manera impecable la AEC, organismo internacional creado para tal fin.
Una entidad similar debería crearse para promover, organizar, administrar y fiscalizar la ayuda pactada a los desplazados. Este ente supranacional -incluido o no en el actual ACNUR-, podría realizar, también, una eficaz tarea de coordinación en el trabajo de las distintas ONG que ya hoy se esfuerzan en colaborar, tratando de  paliar los sufrimientos de aquellas gentes, aunque la magnitud del problema les obligue a realizarlo de una forma precaria, puntual, descoordinada y según su único y propio poder, saber y entender.
¿Pero cómo debería materializarse esa ayuda?
Evitando las inhóspitas tiendas de tela, el barro, la inmundicia o la contaminación. Los países industriales deberían acometer un plan urgente de producción de módulos prefabricados habitables y reutilizables, en número suficiente para dar vivienda digna a todos los desplazados. Sé que Ikea está trabajando en esta idea.
Los módulos deberían estar dotados de todos los elementos necesarios para un uso inmediato y digno, tales como instalaciones sanitarias, de corriente eléctrica y agua potable, además de los oportunos desagües.
Para la ubicación de los módulos debería elegirse lugares comunicados y seguros en los países limítrofes a los que están en conflicto, que permitan el suministro,  de víveres y de aquellos otros elementos vitales antes indicados, así como la adecuada evacuación de aguas residuales. Es decir, dotados de cierta pre urbanización.
Debería evitarse la formación de esos horribles macro campamentos, como el de Dadaab, en Kenia, que alberga a cerca de 465.000 refugiados. Por contra, los núcleos de población no deberían alojar a más de 10.000 refugiados. Cada núcleo dispondría de módulo escolar, hospitalario, administrativo y de culto.
Una atención especialmente cuidadosa debería tenerse en la colocación de los módulos y el alojamiento de sus habitantes. Estos deberían reunirse por familias, calles, barrios, aldeas y distritos en el caso de grandes ciudades, tratando así de reproducir, en lo posible, la localización anterior en sus lugares de origen.
De este modo, la población desplazada, una vez resueltas sus necesidades vitales, viviría de acuerdo con su natural forma de vida, su cultura y sus costumbres.
Una vez logrado esto, la administración de los medios, la distribución de las ayudas y la actuación de las ONG podrían realizarse de forma fluida, ordenada, segura y eficaz.
Los módulos habitables, propiedad de la UE, podrían reutilizarse, una vez superado este conflicto bélico, en otros escenarios sujetos a nuevas carencias humanitarias, tales como terremotos, inundaciones, huracanes u otras contiendas armadas.
No resulta difícil adivinar las ventajas de este sistema, en relación con el que se está intentando establecer en la actualidad. En realidad, todos los actores que intervienen en el programa obtendrían una solución mejorada a su problema.
Más que nadie los propios desplazados, que encontrarían sus necesidades cubiertas sin necesidad de arriesgar la vida en esos terribles y largos recorridos, muchas veces en condiciones infrahumanas, en busca de una vida mejor que muy pocos encontrarán.
Sobre todo, podrían convivir con su gente más próxima, sin necesidad de enfrentarse a otras culturas y formas de vida ajenas a las suyas y, con frecuencia, en un medio excluyente, y aun de franco rechazo.
También sus países obtendrían un claro beneficio por esta disposición de los asentamientos. Llegado el tiempo de la reconstrucción, terminada la guerra, los refugiados estarían en condiciones de participar en ella activamente, una condición indispensable para el buen resultado de la misma. Esto quedó demostrado, de forma evidente, durante la aplicación del Plan Marshall en los países asolados por la 2ª Guerra Mundial.
Los estados limítrofes al conflicto, que acogieran los asentamientos descritos, obtendrían las ventajas de poder suministrar muchos de los productos necesarios para la supervivencia de los refugiados, que serían financiados por la agencia encargada de la correcta administración de la ayuda.
Los estados donantes quedarían así, mediante  dicha agencia, libres de todos los líos organizativos en la aplicación de las ayudas. Pero, sobre todo, evitaría las complicaciones sociopolíticas inherentes al asunto.
Deberían de preocuparse solo de dotar a este plan, similar al Marshall como he dicho, del dinero necesario para su ejecución. Los estados "ricos" no podrían negarlo y a los menos ricos les resultaría imposible racanearlo -como en el caso de la cifra de acogimiento-. Quién más o quién menos, la mayor parte recibe ayudas o subvenciones de la Comunidad Europea. Bastaría con descontarles la cuota asignada.
Algo parecido han pretendido hacer con Turquía, subvencionando a este país como receptor temporal de los refugiados sirios. Sin embargo esta acción no ha representado más que un tímido intento de paliar el problema por parte de la UE. Han cometido un error fundamental al dejar en manos de las autoridades turcas la gestión de los recursos de ayuda y la selección de los aspirantes a obtener el acogimiento europeo.
Hoy se sabe que los refugiados han tenido que sufrir carencias alimentarias y de todo tipo en este país.
Además, las autoridades turcas, sin el menor asomo de sonrojo, han realizado una bochornosa selección auténticamente discriminatoria.
Han enviado a occidente a la mayoría de personas enfermas y ancianas, mientras que ellos acogían a todos los refugiados que eran capaces de demostrar una buena preparación en cualquier actividad económica o profesional de interés. En especial ingenieros o médicos. Las personas sin oficio ni estudios son deportadas y puestas en la frontera de Siria de inmediato.
Tampoco los campamentos que han montado son modelo de humanitarismo y confort. Muy al contrario, la gente ha de sufrir, en sencillas tiendas de campaña, el frío, lluvia o el calor extremo, además del hambre al que están condenados por la escasa, y en ocasiones nula, distribución gubernamental de enseres, víveres y demás suministros.
Sorprende la poca visión de futuro de los gobiernos europeos, sobre todo la de aquellos que ostentan un mayor poder e influencia. 
Aun sin tener en cuenta los aspectos humanitarios ni las repercusiones políticas en juego, hay que hacer notar las connotaciones económicas en la resolución del conflicto y el bajo costo necesario para obtenerlas. En efecto, buena parte de las ayudas prestadas en la ubicación de los desplazados, y aun en mucha mayor medida en la reconstrucción de sus países, tendrían un efecto de retorno al efectuase el suministro de los módulos habitables y demás productos industriales.
Bien, todo esto sucedería si yo fuese el Papa, la Merkel o el Trump. Pero como no lo soy ni lo seré ¿no es una solemne tontería perder el tiempo en discurrir sobre algo que no tiene, ni puede tener, la más mínima proyección ni consecuencia y, seguramente, ni siquiera un ínfimo interés por parte de mis pocos lectores? Cuanto más lo pienso mayor sandez me parece.

Pero, qué le vamos a hacer. Me lo pedía el cuerpo.  

martes, 7 de febrero de 2017

20. Relatos, Fábulas y Leyendas

20.- EL CIELO.





Los niños de hoy aterrizan en este mundo con una curiosidad sin límites. Quieren saber, pero necesitan hacerlo razonadamente. No admiten respuestas como: "porque lo dijo fulano" sea cual sea la autoridad de éste. O bien: "porque está escrito en tal libro" por muy relevante que sea.
Recuerdo que estos imprecisos argumentos eran suficientes para aplacar nuestro deseo de conocer temas delicados, allá por los años cuarenta del siglo pasado. Hoy ya no valen.
Esto viene a cuento por la pregunta que me ha lanzado mi nieto Andrés -alias Andrews- de ocho años.
Es esta: Oye yayo ¿Cómo supieron las personas que Dios estaba en el cielo?
¡Casi nada! No me negaran que esta pregunta se las trae.
Andrés, con sus 8 años, hace nada que ha sufrido la desilusión de saber que los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez son un escandaloso invento de los mayores. Está, y con razón, más que resabiado y ya no acepta ninguna proposición fundada en la autoridad de quien se la hace.
¡Vaya un papelón que me ha caído! Necesito meditar mucho la respuesta. No vale cualquiera, ni tampoco salirme por la tangente para cubrir de cualquier modo el expediente. A su vez, deberá resultar asequible a la capacidad de entendimiento correspondiente a su edad. ¡En menudo charco me he metido!
Verás, Andrés, lo primero que debes entender es la diferencia que existe entre cielo y Cielo.
El cielo, o firmamento, es ese espacio etéreo, diáfano y azulado que rodea la Tierra, donde vuelan  pájaros y aviones, corren las nubes y andan las estrellas. Es algo tangible y visible, es decir, material. Aunque su dimensión sea desconocida para nosotros, pues se extiende hasta los ignotos límites del Universo.
El Cielo de define como la morada de Dios, los ángeles, los santos y los justos. Debido a Su naturaleza  debe ser inmaterial, invisible y su situación ignorada. Por pura lógica, aunque sin ninguna seguridad por falta de conocimiento, el Cielo debería estar situado en una dimensión, tan distinta a las que conocemos los humanos, que ha de resultar inimaginable para nosotros.
Como ves, nos encontramos ante dos mundos muy diferentes. El material, que se puede ver y tocar, es decir, el nuestro, donde vivimos, y el inmaterial o espiritual que no se puede ver ni tocar. Tampoco  sabemos dónde se encuentra, por dónde anda, ni cuál es su verdadera naturaleza.
Ahora debes entender la diferencia que existe entre conocimiento y creencia.
Los conocimientos corresponden a todo lo que sabemos o podemos llegar a saber de ese mundo material donde nos encontramos los humanos.
Las creencias pertenecen a este otro mundo espiritual que no se puede ver, tocar o medir, solo imaginar, suponer o admitir, es decir, creer lo que nos propongan otros, revestidos con la adecuada autoridad.
Entonces, te preguntarás cómo saber a quién creer sobre un hecho espiritual, si no se puede conocer, a ciencia cierta, nada en concreto de esa proposición.
Muy fácil. Se trata de comprobar si esa creencia propugna el bien y/o conduce a él.
Recuerda bien esa frase, pues te puede servir para cualquier otra situación de tu vida futura. Si alguien te dice algo que contradice ese principio no le hagas ningún caso. Aunque te lo diga tu abuelo.   
Nosotros -y tú en particular- disponemos de un conjunto de creencias que componen una religión, la Católica, fundada en la doctrina de Jesucristo, que encaja bien en esa definición que yo te he dado. Por eso tus ancestros, tus tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres han creído y creen en ella.
Después de esto volvemos a tu pregunta inicial.
¿Cómo supieron las personas que Dios estaba en el cielo?
Pues bien, las primeras personas que pensaron en Dios, muchos siglos antes de que naciera Jesucristo, situaron su casa en el cielo, más allá de las nubes, por la sencilla razón de que era evidente que no estaba en la Tierra -nadie lo había visto por aquí- y no podían imaginar otro lugar más adecuado donde vivir sin que le vieran: si no estaba en la tierra, estaría en el cielo. Además disponían de muy pocos conocimientos de Astronomía y, por lo tanto, ignoraban la inmensidad y el funcionamiento del Universo.
Hoy ya se sabe que la morada de Dios no está en el cielo, sino en el Cielo, un lugar inmaterial, como corresponde a la naturaleza divina, que nadie sabe cómo es ni dónde se encuentra.
Se ha mantenido la misma palabra para los dos distintos criterios por tradición y porque el cambio de la significación de un concepto a otro fue muy lento.
Resumiendo: Las personas nunca han podido saber, a ciencia cierta, dónde está Dios. La Religión nos lo puede explicar, pero eso no es un conocimiento sino una creencia, como te he comentado.
Espero haber podido responder bien a tu pregunta y, al mismo tiempo, aclarar los conceptos que la componen. Y si algo no entiendes, aquí me tienes para esclarecerlo.